Sunday, June 11, 2006

Cantinas Invasoras

Yo vengo a aseguraar que aqui, no vine, a andar cuidando pedos.
que se caigan bajo los barandales, que se escondan detrás de sus botellas y qu usen por colonia vómito que pareciera asfixia vestida de garganta.

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Cada vaso se evapora en la succión de cuerpos que osan en llamarse alcoholicos anonimos,
de la misma farándula, en el mismo estrellato, bailando entre las mesas, sin ropas que los cubran, ni valdes que contengan su borrachera.

Sin pedidos especiales, sin pendientes, sin encargos y sin obligaciones bailan al son de la cumbia que les dicta su cuerpo y que giran cayendo hacia lo terrestre y desinteresado.

A los que la Muerte les Rozó La Mejilla

Sin miras asesinas, ni rifles, ni francotiradores. Conozco a aquellos hombres a los que la muerte les rozó la mejilla y que como consuelo visitan cementerios llevando flores. Las mismas flores a las que la muerte les arranca el rostro y las deja marchitas, en avenidas desiertas y camellones de postes destruidos.

--------------------------------- - - - - - - > Hoy la sombra de un hombre descansa congelado bajo la sábana que intenta disimular su muerte.

Mujeres que caminan tomadas de las manos y de sus pañuelos, que solo sirven para aspirarle el aliento a sus almas que lloran en silencio.
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De caras en tonos sepia, de espanto y hospital, o de funeraria y hornos crematorios.

Donde se ocultan todos los cuerpos, donde liberan espiritús que huelen a morgue y vuelan en silencio.

De pronto, al escuchar a la conciencia zumbando a nuestros sueños, aparece la muerte, y nos roza la mejillas a todos.

Y los que se han salvado,
esperan calmos a que la luz, que se siente tan lejos, llegue manifestandose en coches que visten de luto y hombres que corruptos, maldicen a los Dioses.

Thursday, June 08, 2006

Incontinencia Con Alas de Paloma

Hombre Cansado De Rentar películas de Palomitas rancias y Finales Felices cita:

Ya no me engaña esa sonrisa de vendedora de seguros suicida. Has querido apartarte y no te has dado cuenta de la dimensión de la puerta y su vasta experiencia en despedir a las malas amantes. Te regalo todas las maletas, pero no te ayudaré a cargarlas.
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Un Hombre pasaba por ahí en ese momento. Vendía Biblias, no seguros, por lo que su sonrisa tenía la esperanza que aparece en las rodillas de una mujer pidiéndole milagros a la virgen.
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Un Aullido De Niño Perdido en Supermercado filtrándose por entre las paredes.

"(Así se esucha cuando lloro solitario en mi cuarto)."
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La Vecina que regaba las flores, miraba por un extremo del patio a la pareja ...
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Un Avión con destino a Vancouver pasaba por ahí, justo arriba de ellos. *
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... Y una paloma mensajera no pudo aguantarse las ganas de ir al baño, y manchó el cristal delantero de la camioneta de mi madre**.
* Siempre Tuve Ganas de Ser un Avión y Volar a Vancouver con el tanque lleno.
** Mi madre usaba un saco con olor a tienda departamental y un perfume de escoba de cementerio.

Las Almohadas Invisibles de los Sueños Fingidos

Si mis noches se caracterizan por amarrarme al mismo insomnio que perturba mi almohada y que se rebela en contra de mis párpados cansados, prefiero que así sea. Me refiero a que es mejor no poder dormir de noche, a no poder dormir de día. Por lo menos, cuando comienzo las primeras labores diurnas me puedo dar el privilegio de ser un soñador por un momento. Y fingir que he soñado contigo.

Cuando era un niño no me costaba trabajo visitar la luna. Hoy no puedo ni siquiera visitar a tu madre, o a la mía, que me duele más. He escarbado en lo más oscuro de mis ideas la forma de reconciliarme con su terquedad y su orgullo, pero siempre son más fuertes. Mi madre siempre se distinguió por querer que la vieran siempre como un ejemplo de mujer, de inteligencia más que como lo que era: una mujer postrada en su silla de ruedas.

Un medio de transporte para su cuerpo tullido, del que no deja de asombrarme la capacidad para corroerse más rápido que el cuerpo inerte de una monja asesinada en un convento.

La Ausencia del Antitranspirante que me regaló Dios.

Pensé que nunca te atreverías a mirarme de esa forma y veo que estás nervioso.

Pensé que te acobardarías al escuchar cualquier sonido proveniente de fuera.

Pero sólo te invito a que engañes a tu esposa conmigo.

A Esa aburrida.

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Los Secretos del Hombre que ante el altar miraba con franqueza y que por dentro miraba sin mirar.
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Un día él la miró con deseo y la lujuria le salía por los ojos más rápido que una lágrima,
y se quedó ciego.